Recientemente, una parte importante de nuestra población reaccionó sorprendida ante la actitud asumida por un sector que evidenciaba claras muestras de aceptación de la conducta reprochable de dos personas acusadas de estar vinculadas a las operaciones y encubrimiento de tráfico de drogas. Estas personas, tras ser capturados recibieron muestras contundentes de aplausos y aceptación.
Escuchaba recientemente en un medio de gran difusión radial, que en el caso de una imputada, no son pocas las mujeres que visitan salones de belleza utilizando como modelo el peinado y estilo de arreglo estético de esta señora procesada por problemas con la justicia.
Otros indicadores mueven a sorpresa, como por ejemplo, el hecho de que profesionales de diferentes áreas, públicamente resaltan la belleza física de la detenida como el factor fundamental para explicar este fenómeno de imitación, provocando con esta exaltación pública el solapamiento de las conductas reprochables que se le imputan.
“Es una mujer preciosa, viste a la moda, se ve segura de sí y es elegantísima”, se escuchaba decir a uno de estos profesionales a través de un programa radial de gran difusión.
No han faltado, como si lo anterior fuera poco, la descripción matizada por un trasfondo de admiración a las in conductas de los procesados, las cuales son presentadas como si fueran conductas osadas cual protagonistas de alguna película taquillera.
A todo esto se agrega una lúgubre historia que sale a flote con escenas de promiscuidad sexual, infidelidades, manejo irresponsable de la sexualidad, y que a pesar de concluir con una orgía de sangre donde varias personas perdieron sus vidas, y por lo cual uno de los dos “actores” está siendo investigado, los aplausos se mantuvieron por parte de ciertos sectores.
¿Qué está pasando en nuestra sociedad? ¿Cómo explicar esta paradoja? ¿Por qué los actores (as) de lo que se supone una obra reprochable, en este caso son aplaudidos?
He observado algunas opiniones que tratan de dar respuestas a estas preguntas, solo para convencerme que algunas de ellas, muy valiosas por cierto, tienden al reduccionismo, razón por la cual abren más interrogantes que las que responden.
Es por esta razón que en este artículo presento de forma integradas variables psicológicas y sociales dentro de una posible teoría que nos permita comprender aquello que se me ocurre bautizar como la “ psicología y cultura de la pobreza existencial”. La presencia de este fenómeno está en el fondo de la aceptación de los falsos ídolos, no tan solo de los casos mencionados, sino otros que ahora pasan al fondo, gracias a la notoriedad que ha cobrado la escandalosa conducta de los imputados.
Por psicología y cultura de la pobreza existencial, voy a entender un cuadro, que si bien es cierto es individual de entrada, poco a poco ejerce un efecto de contagio en otras personas, hasta llegar a convertirse en un fenómeno colectivo de importante presencia en la sociedad.
La pobreza existencial, se caracteriza por un fenómeno de carencia de sentido, que oprime la libertad interior de las personas, castrando de esta manera sus posibilidades de concebir acciones decorosas que dignifiquen su condición humana. Como mecanismo de compensación, estas personas apelan a lo banal, lo inmediato y sensacional como medios para llenar sus profundos vacíos.
En su desorientada brújula interior, estas personas encuentran muy difícil el camino de lograr un norte en sus vidas y la frustración ante esta imposibilidad los lleva a acumular resentimientos por los principios que gobiernan y permiten las pautas de comportamientos socialmente aceptables.
La pobreza existencial produce ambivalencia y esto también cobardía….un sentimiento que conduce a las personas a reprimir todas aquellas conductas con las que quisieran desquitarse de la sociedad por todo el sufrimiento que les causa la indigencia espiritual en la que han vivido.
Es en este escenario que hacen su entrada los falsos ídolos. Ellos sirven como mecanismo de salida a todo aquello que estas personas guardan reprimido. Si lo expresaran directamente entonces, por su cobardía, temen que la sociedad los condene o castigue…entonces aplaudir a los falsos ídolos y otros más, es una manera segura de evitar como decía el gran José Ingenieros, que les “reprochen la osadía de vivir en vano”.
La conducta de los falsos ídolos es ligera, cuando no destructiva de las bases ideológicas y morales de una sociedad. Esa ligereza, cónsona con la era de la post modernidad, no plantea ningún reto que asumir a los “pobres existenciales”, retos que en caso de estar presentes desbordarían el limitado potencial que tienen los frágiles de espíritu para darle respuesta.
Aplaudir a los falsos ídolos es una forma de colocarse en el mundo mediante una lúgubre notoriedad….es creer, gracias a su exagerada deformación de pensamiento, que aplaudiendo a los que ponen a sufrir a la sociedad se alivia su propio calvario interior.
Psicología y cultura de la aceptación de los falsos ídolos
Por Luis Vergés, Psicólogo.
Autor de la Teoría: Reencuadre de la psicología y cultura de la pobreza existencial.








