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La sobreproteccion de los hijos Imprimir Correo electrónico
  • Escrito el 31 de Diciembre de 2010 por Licda. Tatiana Carrillo Gamboa
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Para muchas familias la llegada de un primer hijo es todo un evento. Todos esperan con ansias conocer el nuevo bebé. Es común que durante los primeros días, desfile por la casa la familia entera, además de amigos y conocidos.

Sin embargo, a Lucía no le sucedió así...

Al nacer su primer hijo, desarrolló un temor a recibir visitas, pues estas podrían ser portadoras de un virus que se le pegaría con el contacto y los besos. No quería que nada interrumpiera su sueño o su horario de comida. Le angustiaba que al alzarlo le lastimarán si lo tomasen de forma incorrecta. El mejor lugar para que estuviera seguro era la casa, por eso no salió de su casa, ella y su bebé salían únicamente para acudir a las necesarias citas médicas. Cuando llegaba su familia, apagaba las luces y esperaba callada a que se fueran.

Estudios psicológicos sobre el desarrollo infantil, nos dicen que hay una simbiosis normal que va más o menos de los cero a los cuatro meses, en donde el bebé se cree parte de la mamá; son uno y la conexión de éste después del cordón umbilical va a ser el pezón. Después de los cuatro meses aproximadamente, los bebés empiezan a diferenciarse de la mamá y es entonces cuando reconocen a mamá y al sí mismo. El bebé de Lucía creció pegado a ella. El proceso de simbiosis normal dejó de serlo, cuando el bebé no pudo diferenciarse de su mamá; sucedió que este bebé se veía a sí mismo como parte de ella, por eso cuando la perdía de vista se generaba una fantasía de destrucción, abandono y muerte que se manifestaba por crisis de llanto severas y síntomas ansiosos: era evidente el sufrimiento que sentía cada vez que no veía a su mamá o que sentía que los brazos que lo alzaban no eran los mismos de siempre.

Conocí el caso de Lucía y su hijo cuando este tenía seis años. Lo llevan a consulta cuando en su primer día de preescolar hace tal crisis que por un momento dejó de respirar hasta cambiar de color…

Los niños que son criados bajo el espejismo de la sobreprotección, son poco tolerantes a cambios, resuelven todo mediante llantos, evaden los contactos sociales o las situaciones nuevas, sintomatizan frecuentemente con dolores de estomago, de cabeza, de cualquier cosa; inclusive algunos llevan los síntomas al extremo convirtiéndolos en vómitos y diarreas que son los más comunes.

Detrás de la sobreprotección hay un discurso encubridor: te hago las cosas porque creo que no vas a ser lo suficientemente capaz de hacerlo por ti mismo. Si! Esto es. Una señora me decía enojada que eso no era cierto, que su forma de demostrarle su amor a sus hijos era consintiéndolos y ayudándoles… sin embargo, cuando estos empezaron a transitar por la temida adolescencia y la tempestuosa juventud; resultó que sus hijos tenías pocas herramientas sociales, buscaban en la secundaria y en los trabajos, personas que los asumieran y les dijeran paso por paso lo que debían de hacer.

Estas dinámicas y formas de relacionarse se tejen desde la infancia, tienen sus raíces en los patrones de crianza que tuvieron nuestros padres y en lo que la sociedad nos impone…. Entonces, ¿qué hacemos?


Artículo completo en: Renuevo


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