El insomnio es una experiencia de sueño inadecuado y no reparador caracterizado por las dificultades para iniciar o mantener el sueño o el despertarse demasiado temprano. Los casos más agudos comprenden a aquellas personas que no logran conciliar el sueño en toda la noche. Aproximadamente el 50% de las personas han experimentado batallas contra el insomnio. Actualmente 1 de cada 10 personas se encuentra aquejada por el insomnio crónico.
Otras causas de no menospreciar son el estrés repentino, las enfermedades pasajeras, el síndrome obsesivo-compulsivo, las psicosis o el consumo de drogas. No obstante, las causas más comunes son la depresión y la ansiedad. Cuando la persona se encuentra ansiosa tiene problemas para conciliar el sueño mientras que la persona deprimida suelen despertar en la madrugada y presentan dificultades para retomar el curso del sueño.
Por supuesto, aquellos que padecen de insomnio sufren sus efectos durante el día pues comienzan a presentar dificultades en su rendimiento dados por sus problemas de concentración, la disminución de la memoria así como la irritabilidad y la consecuente agresividad. Como dato curioso, vale puntualizar que aunque las personas se quejan de sufrir una fatiga diurna por la escasez del sueño, los estudios polisomnográficos no demuestran la presencia de un aumento de los signos fisiológicos de somnolencia, sugiriendo que realmente la fatiga podría ser un síntoma altamente subjetivo.
Dentro de los diversos tipos de insomnio se distingue por su cronicidad el insomnio primario. Éste se caracteriza por su presencia durante más de un mes, las afectaciones ostensibles que provoca en las áreas de desempeño de la persona y porque no es una consecuencia de enfermedades crónicas o consumo de sustancias.
Las personas que padecen el insomnio primario normalmente presentan una combinación de dificultades para dormir y despertares frecuentes durante la noche. También se suelen quejar de no haber tenido un sueño reparador, es decir, tienen la sensación de que su sueño ha sido inquieto, poco profundo y de escasa calidad.
Este trastorno se asocia con un aumento del nivel de alerta fisiológica y psicológica durante la noche unido a un condicionamiento negativo para dormir. Evidentemente, las preocupaciones y el malestar por la imposibilidad de dormir generan un círculo vicioso: cuanto más se intenta dormir, más frustrada se encuentra la persona al no conseguirlo y por ende, duerme aún menos. Acostarse en un sitio donde se han pasado muchas noches en vela puede producir una activación condicionada. Al contrario, en algunas ocasiones la persona logra dormirse fácilmente si no lo intenta mientras ve la televisión, lee o incluso conduciendo el coche.
Muchas de las personas que padecen de insomnio primario poseen una historia de sueño superficial o problemas anteriores de depresión o ansiedad. La mayoría de los casos tienen un inicio repentino, coincidiendo con alguna situación estresante aunque suele persistir mucho tiempo después de que la causa originaria haya desaparecido.








