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Es el alcohol, tu peor rival Imprimir Correo electrónico
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  • Escrito el 11 de Enero de 2011 por Dra. Ana Simó
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El uso de alcohol es tan común que lo vemos en un entierro, en una boda, en un b autismo, en cualquier momento de celebración de la familia. Llega a ser un símbolo impactante en los momentos más sagrados.  Celebrar es lo crucial en la vida humana si se ofrece el amor en forma auténtica; no así en un abrazo, una mirada o un beso sin amor.  Amarse mutuamente es el secreto de toda pareja, de toda familia, de toda madre y su hija, de todo padre con su hijo, de todo hermano o hermana; lo que marca la vida de familia son las muchas memorias de amor, donde se celebra la riqueza de la vida juntos y ésta es un baile marcado por la forma como cada miembro de la familia lo baila.

El alcohólico crea  un estilo de acercamiento a sus padres, sus tíos y sus hermanos, creando momentos de confusión en la relación, y produciendo distanciamientos agresivos. El alcohol se convierte en la bomba social que explota y crea incomodidad entre todos los integrantes. El impacto es químico, orgánico,   psicológico y religioso.
El psiquiatra estudiará todos los efectos químicos que tiene el alcohol dentro del individuo y explicará como este va destruyendo el correcto funcionamiento de  múltiples órganos del cuerpo. La persona se deprime, se entierra, se arrastra, crea formas de sentir que le llevan a contemplar muchas veces el suicidio. El psiquiatra  hace una serie de estudios evaluando las consecuencias de la presencia de ciertas cantidades de alcohol en el cuerpo y le recomienda un proceso de tratamiento que creará nuevamente un equilibrio interno. Ese tratamiento requiere de una disciplina clínica meticulosa asegurando que el balance químico se dé sea en una forma responsable y creativa. En muchos casos el paciente tendrá que ser internado  con el fin de lograr resultados.
Una de las partes mas afectadas es el aspecto  psicológico, donde la persona se presenta como la víctima del sistema social en que vive – su familia. El arrastra a toda la red a tenerle pena, a rechazarlo, a tenerle enojo, a mantener la distancia, a tenerle como otra víctima más y como victimario que causa malestar entre todos los integrantes de la familia. Su forma de dormir, de comer, de relacionarse, de ir al baño, de arreglarse, en fin, todo lo que es humano y aceptable es causa de profunda incomodidad en el sistema familiar de esa persona.  Ese sistema ahora aprende a vivir con una víctima del alcohol; y ese mismo alcohol produce reacciones de cada miembro de su familia. 
No es  tan solo el alcohol que se consume, sino el impacto que produce que un miembro de la familia sea alcohólico o adicto al alcohol, lo que deja huellas de infelicidad entre todos los miembros de la familia. Lo peor es que el mismo alcohólico prefiere culpar a otros antes que reconocer que es él quien está produciendo un malestar entre toda la comunidad.
El impacto no sólo es  psicológico y orgánico,  sino también relacional.  La red familiar, sea de los miembros más cercanos como también los más distantes entran en una danza social que hace que toda la familia se sienta burlada, atropellada, distanciada.  El alcohólico llega a ser todo un mentiroso, encubriendo su realidad para satisfacerse con la bebida. Prefiere distanciar a su padre, que enfrentar su malestar relacional, químico, hormonal, como también su forma de pensar, sentir, actuar y relacionarse.  
¡Pero peor aún, él mismo se engaña!  Celebra el alcohol como una bebida que le da cierta satisfacción pero tomando grandes cantidades de la misma, sin darse cuenta del daño integral de ésta sobre el funcionamiento de sus relaciones humanas.  Cada miembro cercano a él, envueltos en la confusión que el alcohólico está creando, toma más y más distancia. El impacto del alcohólico es total.  Todos  sufren la presencia de este nuevo “miembro“ entre ellos y no saben como funcionar y relacionarse con él “tomado”.
El paciente va creando círculos de profundo resentimiento con cada miembro de la familia, como también creando formas de sentir que lo marcan como la causa de toda la miseria de esa red .  El atasco familiar por causa del alcohólico, lleva a todos a vivir un distanciamiento entretejido entre ellos.  ¿Viven? Sí. ¿Juntos? Sí, pero en desagrado y  en incertidumbre. 
El alcohólico ha conseguido crear un malestar general,  sosteniendo reacciones emocionales de profundo resentimiento y amargura. Ya la familia no es la misma de antes, ahora todo,  pero todo es un infierno producto del alcohol.

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